El paradigma de la seguridad, Iñaki Garmendia Urkizu

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El paradigma de la seguridad, Iñaki Garmendia Urkizu

Publicado 8 septiembre, 2011

La seguridad es el nuevo icono de la industria de alta gama. Así como hubo un tiempo histórico para la taylorización, la calidad a ultranza, el claim de “cero defectos”, la mejora de la competitividad, la innovación, la internacionalización, la apuesta por la personalización o la total orientación al cliente, el nuevo paradigma de la industria universal se llama seguridad.

 

La seguridad se ha convertido en cuestión de pocos años en el gran desideratum social. Ejemplos los hay en todos los campos: seguridad en el mantenimiento del trabajo, seguridad en la conducción vial, seguridad en la construcción, seguridad en las instalaciones energéticas, seguridad en la trazabilidad de los productos de consumo,  seguridad en el cuidado de niños y tercera edad, seguridad en la asistencia sanitaria,  y seguridad en tantos otros afanes y compromisos que la cada vez mayor complejidad de la sociedad avanzada los demanda.

 

Afloran sin solución de continuidad nuevas tomas de conciencia. El medio ambiente siempre fue  importante, la energía jamás dejó de ser necesaria, y el tabaquismo nunca fue beneficioso. Pero llega un momento en el que, por encima de cualquier otra consideración, la seguridad deviene en el parámetro a tener más en cuenta. Seguridad ante todo y por encima de todo.

 

El desarrollo humano, el avance de las grandes civilizaciones, siempre ha estado caracterizado por la lucha contra los grandes riesgos potenciales inherentes al desarrollo tecnológico. Desde el trazado de nuevas vías de comunicación y la construcción de imponentes rascacielos hasta la opción –o no– de la energía nuclear, pasando por toda suerte de descubrimientos científicos, el progresivo protagonismo de la seguridad como valor en alza y exigencia ineludible está fuera de toda duda.

 

Economía, ética y estética, todo juega a favor de la seguridad. Las razones económicas, porque la seguridad es a la larga la apuesta más rentable; las éticas, porque la seguridad es en sí misma el valor supremo por excelencia; y las estéticas, porque la propia opinión pública así lo demanda, por encima incluso de los requisitos legales que el ordenamiento jurídico establezca.

 

Es más, hubo una época, aún no muy lejana, en la que las consideraciones económicas, éticas, estéticas y hasta legales se prefijaban desde la estricta valoración del presente, mientras que desde la socialización del principio de sostenibilidad (Informe Brundtland, 1987), la seguridad se  proyecta en el tiempo con vocación y exigencia de continuidad, de modo y manera que toda medida de seguridad debe contemplar, como premisa básica, tanto más el futuro que el momento presente. De hecho, todas las directivas legales en vigor –en el primer mundo en general y en la Unión Europea en particular– están ya más concebidas para gestionar el futuro que para regular el presente.

 

Es en este contexto de surgimiento del paradigma de la seguridad donde pivotará en el inmediato futuro la apuesta de toda empresa que se precie, independiente del producto que fabrique o del servicio que ofrezca. En el fondo da lo mismo que sean centrales nucleares, pepinos que herramientas de mano. El producto o servicio que no ofrezca garantía de seguridad está destinado a ser cuestionado, y quien lo ofrezca tiene ya medio sembrado el camino del éxito.

 

Iñaki Garmendia Urkizu

Director Gerente de EGA Master

Premio Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial