El estado de las cosas

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El estado de las cosas

Publicado 4 octubre, 2012

Jorge Beschinsky (Director General en TORRAVAL Cooling,S.L.)

“Hace una semana que he vuelto de un viaje de dos semanas a Brasil, en donde he podido estar en dos ciudades que siempre me han fascinado: Sao Paulo y Río de Janeiro. Dos macro urbes en donde los contrastes reinan y en donde entre una vorágine caótica de actividad, se ven progresos y avances hacia una mejora global para residentes y visitantes en seguridad, limpieza, orden y “concierto”.

Lo primero que extraña al recién llegado son: el tráfico, las distancias y la enrome actividad omnipresente en estas urbes. He tenido la suerte de compartir gran parte de este viaje con un compañero que iba por primera vez y he disfrutado de su frescura a la hora de ver y vivir cuanto acontecía a nuestro alrededor. Creo que ahora me entiende algo más cuando le digo que es un país fascinante, joven, lleno de energía y proyectos que compartir y disfrutar. Lejos quedaron de su mente los prejuicios que le rondaban la cabeza antes de desembarcar en tierras brasileñas.

Mientras tanto y para no variar, aquí estamos peleándonos entre hermanos y creando problemas inexistentes para distraer la atención del personal de las metidas de pata que hacen nuestros votados gobernantes. Es muy triste estar a diez mil kilómetros de casa y que las únicas menciones a tu país sean para retratar estos bochornosos “episodios nacionales”. Voy a plagiar al personaje de Resines en “Los Serrano” para describir la mirada que tenemos en España: “sucia”. Siempre pensamos mal de vecino, siempre leemos malas intenciones en sus palabras, peticiones y acciones. No somos capaces, ni por una vez, de optar por una posición desprovista de prejuicios a la hora de escuchar al vecino que, lejos de hablar con la calma que da el saber qué se es, qué se quiere y qué se puede aportar, nos suelta una chapa mitinera cargada de rencores y reproches.

No nos damos cuenta que en un mundo tan conectado, esta actitud tan hispánica solo nos debilita ante el prójimo y arma de argumentos y sobretodo de munición a quien quiera superarnos. Todo lo que digas y quede registrado puede ser usado en tu contra. Ayer visioné un video grabado en Bruselas, en donde un presunto adivino, solo con el nombre de una persona, era capaz, a través de un equipo oculto tras unas cortinas, de recabar una cantidad de información inimaginable a través de la red. Así, las victimas se quedaban boquiabiertas ante datos tales como donde vivían, sus relaciones personales, número de tarjeta de crédito,… finalmente les rebelaban el tinglado ante el mayor de los asombros. Pues a nosotros… así nos luce el pelo.

En las empresas sucede igual. Hace poco, en este sector, hemos asistido a la muy anunciada (desde hace muchos años) caída de Ancofe. Ríos de tinta se han vertido antes y después del suceso. Reconocimientos, tardíos en muchos casos, a la labor de personas como Ricardo y otros que han hecho mucho por el cooperativismo ferretero de este país y críticas cargadas de rencor por personas que no han sabido o podido en su día verterlas en tiempo y forma. Pero creo que no aprendemos y seguimos erre que erre a clonar errores y repetir comportamientos que nos abocan al fracaso. Hace pocos días me enteré del cierre de “La Fortuna” que también me ha entristecido mucho por lo que supone y por la honradez con la que se comportó conmigo José Luis cuando tuvo los primeros problemas.

Las cosas están como están, porque TODOS hemos aportado nuestro granito de arena para que así estén. No se trata que haya caído un meteorito, ha sido una sucesión de acciones que han traído sus consecuencias. Desde los banco, gobiernos, hasta nosotros mismos que nos creíamos que podíamos vender un piso tres años después al doble y… tonto el que no lo haga. Por eso es tan importante que TODOS reaccionemos: ni nuestros sueldos son acorde a la realidad, ni nuestros márgenes (en muchos casos) acordes al valor que añadimos. Tenemos que poner los pies en el suelo y ser honestos con nosotros mismos. ESTO NO ES UNA SITUACIÓN TRANSITORIA. Es una corrección que el mercado (que somos todos) ha aplicado ante una situación insostenible. Igual que el diluvio o las plagas de la naturaleza. ¿Duele? ¿Jode? ¡Por supuesto! Pero tanto va el cántaro a la fuente…

Por eso creo que tenemos que reflexionar y actuar en consecuencia. Para ello tenemos que saber quiénes somos, qué aportamos y qué queremos; tendremos que compartirlo y, entre todos, encontrar proyectos comunes que nos unas y nos permitan ser felices con lo que tenemos y con lo que somos capaces de conseguir, no engañarnos con quimeras o utopías irrealizables.

Las cosas están como están y somos nosotros quienes tenemos que trabajar para que cambien”.