La exportación como excusa

Destacados

La exportación como excusa

Publicado 30 octubre, 2012

5.778.100 parados. El 25,2% de la población activa o, lo que es lo mismo, una de cada cuatro personas con edad, capacidad y voluntad de trabajar.

Creo que hay mucho empleo sumergido, y aunque no es legal, factores como la asfixia fiscal o el bajo consumo, lo arropan. Deseo que sea así, y lo comprendo, porque de otra manera no entiendo que el país no haya reventado, y que las calles no estén repletas de gente desesperada.

El Telediario de la 1 contaba hace poco que el Gobierno se felicita de los éxitos exportadores de nuestras empresas. Y no es para menos, nuestros fabricados, en cualquier sector, compiten en primera división con los de mayor calidad, desde hace años.

Lo que no contaba el telediario es que, a diferencia de cuando se exportaba como complemento a la facturación en tu país, ahora la exportación se muestra como una salida urgente para escapar del caos que te ofrece un mercado, el tuyo, en el que hay poco movimiento, y está tomado por los chinos.

Diles a esos casi  6 millones de parados que se compren un coche nuevo, una thermomix o un taladro/atornillador de nueva generación. O que pongan una alarma, y te dirán que para eso ya tienen a Cuca, la pequeña yorkshire que, aunque tiene 14 años, tiene un ladrido muy molesto y todavía impone.

Nuestro mercado, el de ferretería, suministro industrial y bricolaje, está saturado en la gama alta de calidad/precio. No es culpa de la oferta, sino de la demanda. Por eso nuestros fabricantes buscan nuevos mercados y los fabricantes extranjeros se lo piensan antes de entrar aquí. Ni más ni menos.

Y está el mercado de precio bajo y segunda o tercera calidad que está tomado por China, con dos cojines. Saquearon, pagando, pero saquearon la materia prima, que ahora le cuesta a un fabricante español lo que no está escrito, aprendieron a fabricar y han demostrado que saben vender.

Demostrémoslo nosotros también. No sé por qué motivo hay que comprar un cerrojillo que se ha hecho más de 9.000 kilómetros cuando tenemos fabricantes españoles que te pueden hacer la cerradura más sofisticada y proveerte de un candado barato que, por muy simple que sea, apuesto a que le da 1.000 vueltas al chino.

Que somos muy snobs, muy del “made in hacerpuñetas”. A veces comprendo a los franceses que se leen la procedencia del producto en las etiquetas y como esté fabricado 100 metros por debajo de los Pirineos pasan de él.

Todo este rollo que estoy soltando no intenta ser un panegírico en defensa del fabricante español. También en apoyo al detallista, con el deseo de que venda más, y del usuario, para que no le engañen. Alguien dirá que el fabricante español de ferretería también complementa sus catálogos con productos orientales. Vale, pero sé donde vive y donde trabaja, y si se me queda el mango del martillo en la mano y la cabeza vuela por el salón al primer golpe, el ferretero o yo sabremos donde quejarnos.

Estamos convencidos en el sector de que el proveedor se negaría a facilitarnos productos de segunda división a precios más bajos. Habría que preguntarles. De verdad, ¿creemos que en otros países no les aprietan las tuercas, y ceden?. En muchos casos, su presencia en otros mercados punteros es tan dura y está tan trabajada como en España. Negocian con otros grupos de compras y servicios parecidos a los nuestros. Pero hay consumo.

Sería cuestión de ponerse en serio a colaborar. Aunque creo que no es un problema de marcas ni de calidad o precio de las marcas, sino un serio problema de canal de distribución. La mayoría de los clientes finales dan por hecho, en nuestro sector y en otros, incluido el de alimentación, que en cuanto entran en un “todo a un euro” ya están ahorrando dinero.

El principio del camino pueden ser estupendas campañas de acercamiento del usuario al ferretero, como las de Cadena88 o Agrefema, la recientemente iniciada de Bahco en defensa y promoción del producto “made in Spain”, que recuerda mucho a la de Herramex hace años. O poner mostradores en la entrada de las ferreterías con productos a un euro, eso que tanto nos asustaba hace tiempo cuando los veíamos en el pasillo central del Alcampo o del Lidl.

Lo que sea con tal de que el cliente no se asuste al entrar en una ferretería y se crea que es un comercio prohibitivo para él, que además de contar con un asesoramiento profesional y una gran variedad de productos, puede encontrar algo acorde a su poder adquisitivo. Y dentro de unos años, cuando se le muera la Cuca y tenga que comprarse una alarma, se acuerde de lo bien que le salió entrar en nuestro establecimiento.

Todo esto es un manojo de opiniones personales. No soy aquél al que le acabarán ardiendo en las manos las cifras de desempleados y de consumo. A mí, como a ustedes, por ahora me arden en el estómago.

 

Antonio Miranda