El camarote de los Hermanos Marx

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El camarote de los Hermanos Marx

Publicado 15 enero, 2015

Un amigo me comentó una vez que, en su opinión, en las ferias de ferretería sobran dos días; el primero y el último. Esta posibilidad, que me parece extrapolable a las ferias de todos los sectores, no acabaría de arreglar determinados problemas porque, como habrán notado, aunque el evento dure un día, siempre habrá un primero y un último. Y seguirá siendo inevitable que muchos visitantes profesionales, incluso de certámenes privados, con gastos pagados y demás ventajas, se planteen que, para el poco tiempo que queda, es mejor hacer turismo que engordar las delicadas estadísticas de las organizaciones feriales.

Hay un duende malo que se pasea por todas las ferias del sector y que, aproximadamente a la una de la tarde del último día de exposición, comienza a poner nerviosos a los expositores, deseosos de volver a sus casas después de empalmar ni se sabe cuántos fines de semana con semanas laborales. Yo no lo he visto a él directamente, pero sí me ha parecido apreciarlo en las caras de algunos responsables de stands. Miran nerviosos a su alrededor y, cuando se dan cuenta de que ya solo quedan ellos y cuatro rezagados (porque nos hemos acostumbrado a pensar que el visitante del último día de feria no es un visitante que ha elegido ese día, sino que es un rezagado), hacen un gesto casi imperceptible a su equipo y empiezan a desmontar. Primero con sigilo, a intervalos, y al rato ya se oyen los golpes de las estanterías cayendo al suelo y el ruido de la cinta cerrando las cajas de cartón.

Quienes seguramente conocen al duende son los responsables de la Feria de Ferretería de Colonia, que en la edición de 2016 durará tres días en vez de los cuatro que viene durando desde hace cuarenta ediciones. Según los datos de las estadísticas que manejan, en la edición de 2014, solo el 15 por ciento de los visitantes profesionales eligieron el último día para visitarla.

A este razonamiento han llegado al darse cuenta de que muy pocos profesionales visitan la feria más de un día, por lo que se empuja así a los visitantes a no dejarlo para la última jornada. Pero, ojo, que siempre habrá un último día.

Con la reducción se va a lograr sobre todo una cosa, que uno de los días de feria va a estar el tema a reventar, los visitantes irán casi todos al mismo tiempo, y los expositores no les podrán recibir con el mismo trato de calidad porque su stand va a parecer el camarote de los Hermanos Marx.

Imaginamos que los responsables de la feria alemana, la más importante de Europa, habrán contemplado una reducción del precio de los stands, ya que no es el mismo gasto el de tres días que el de cuatro.

De lo contrario, va a parecer una subida de precios encubierta, similar a cuando lavas el coche en un lavadero automático de una gasolinera (por cierto, qué mal queda); sigue valiendo un euro desde hace años pero cada vez es menos tiempo. Va a llegar un momento que nada más descolgar la manguerita vas a tener que echar otra moneda.

Hay mucho miedo alrededor de las estadísticas de asistencia a las ferias. Por eso se hace todo lo que se puede para inflar los resultados, ya sea dar paso a jubilados y gente no profesional ( que no parezca falta de respeto hacia ellos, pero hay ferias para profesionales y para no profesionales), o se junta el evento en cuestión con cuatro o cinco más, aunque no tengan una relación totalmente creíble, para luego dar los datos globales de asistentes.

La calidad debe pesar más que la cantidad. Me deja bien cuando pregunto a un expositor por los resultados de su presencia en una feria y me contesta: “Han venido a mi stand los cuatro que tenían que venir”.

Antonio Miranda
Director de panoramaindustrial.com